MUERE CUAHTEMOC CÁRDENAS SOLORZANO,
LIDER MORAL  DE LA IZQUIERDA MEXICANA



"De niño jugó en los jardines de Los Pinos y soñaba con ser presidente. No lo logró. Pero conquistó la memoria democrática de México."
(1934-2026)


Por ELVIA ANDRADE BARAJAS

CIUDAD DE MEXICO, 28 DE NOVIEMBRE DE 2026.- Hoy murió Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.


Nació el 1 de mayo de 1934. Creció entre los jardines de Los Pinos cuando su padre, Lázaro Cárdenas del Río, era presidente de México. Fue un niño que nació rodeado de privilegios, educación y oportunidades. Lo tuvo todo. Sin embargo, eligió una vida marcada por la austeridad, la disciplina y el compromiso con las causas sociales.

 

Durante décadas recorrió un camino propio. Estudió Ingeniería Civil en la UNAM, fue senador, gobernador de Michoacán y una de las figuras más relevantes de la política nacional.

 

Desde joven observó con preocupación cómo los ideales revolucionarios que habían dado origen al sistema político mexicano se alejaban de la realidad.

 

La corrupción, el autoritarismo y la falta de democracia terminaron por decepcionarlo profundamente.

 

Por ello abandonó al PRI, el partido donde había construido su carrera política, para enfrentar desde la oposición al régimen que durante años dominó la vida pública nacional.

 

Fue gobernador de Michoacán y senador de la República.

 

 

En 1988 fundo el Partido de la Revolución Democrática (PRD), junto con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez .

 

Tres veces fue candidato a la Presidencia de la República. Quería ser presidente como su padre, pero nunca lo logró, pese a que era el hombre idóneo para el cargo.

 

Desde el PRD abrió espacios para la izquierda y contribuyó a construir las condiciones que hicieron posible la alternancia política en México.

 

Su lucha transformó para siempre la manera en que los mexicanos entendían el voto, la participación ciudadana y la competencia democrática.

 

En 1997 hizo historia al convertirse en el primer Jefe de Gobierno de la Ciudad de México elegido por voto popular. Fue una victoria que simbolizó el avance democrático que él mismo había ayudado a impulsar.

 

Hasta el final de sus días nunca dejó de pensar en el país.

 

En una de sus últimas entrevistas manifestó que aún conservaba la esperanza de ver un México mejor, un México capaz de vencer la corrupción, la violencia, la impunidad y las desigualdades que durante décadas combatió desde la política y la vida pública.

 

Su fallecimiento provocó reacciones de todas las corrientes ideológicas.

 

 

La presidenta Claudia Sheinbaum lo definió como "un hombre de principios firmes, que transformó la vida política de nuestro país" y destacó que su papel en la historia contemporánea de México fue fundamental.

 

Por su parte, el expresidente Andrés Manuel López Obrador afirmó: "Sin él, otra sería la realidad política del país. Fue un transformador".

 

Ambos coincidieron en reconocer la trascendencia histórica de aquel movimiento democrático de 1988 que marcó un antes y un después en la vida nacional.

 

Hoy México despide a un hombre que nació en el centro del poder, pero que dedicó su vida a cuestionarlo.

 

Al niño que jugó entre los jardines de Los Pinos no lo recordará la historia por los privilegios de su nacimiento, sino por su convicción democrática, su congruencia personal y su incansable lucha por un país más justo.

 

No alcanzó el sueño de sentarse en la silla presidencial que alguna vez ocupó su padre.

 

Pero dejó una huella muy profunda: la de un mexicano que entregó su vida a la construcción de la democracia y a la esperanza de que algún día México estuviera a la altura de sus mejores ideales.

 

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